Petama Consejero Noviembre

'Personalidades de los Siervos de Dios- 2

desde Hazrat Inayat Khan:

'Message Papers del 14 de Julio de 1925'

(véase también Tema)

Aquí podéis escuchar a todos los temas



Y nosotros, aquí en la Tierra, con nuestra concepción limitada de sus vidas y de las vidas de los demás, los distinguimos como ‘míos’ y ‘tuyos’; aceptamos a unos y rechazamos a los otros. Si ante un cristiano se hablara muy bien de Buda, él dudaría. En primer lugar, lo negaría; luego, si fuera muy exigente, lo ignoraría. Y si ante un budista se dijera lo mismo, él tendría la misma idea o quizás incluso más. Porque son muy devotos.

Si ante un creyente judío hablarías de Muhammad comparándolo con Moisés, se horrorizará. ¿Y crees que un musulmán aceptará que se compare a Moisés con Muhammad? Se levantará con la espada en la mano: ‘¡Cómo te atreves a decir que estas dos figuras pueden ser la misma persona o iguales!’. Para ellos, la diferencia será como la que existe entre lo falso y lo verdadero. ‘Uno es verdadero, el otro es falso. El mío es correcto, el tuyo es erróneo’.

Así ha sido siempre la condición del mundo, y así es hoy en día. Y por mucho que pensemos que podemos progresar sin religión, es imposible. Ese progreso siempre resultará fatal. Cuando hay progreso exterior y falta de progreso interior, no se trata de un progreso completo. No podemos progresar sin elevar nuestro ideal religioso. Y cuando llega el momento de elevarlo, entonces decimos: ‘Sí, elevaré mi ideal religioso dentro de mi propia fe’. Pues bien, todos lo han elevado ya en el pasado, y, sin embargo, todos siguieron divididos..

Y los seres humanos siempre han luchado en nombre de la religión, han abusado de su fe y se han comportado mal unos con otros, a pesar de ser criaturas del mismo Dios. Y si profundizamos aún más, descubriremos que sus enseñanzas no difieren mucho entre sí, y que, si hay alguna diferencia, se trata o bien de una diferencia de términos o bien de la forma en que la gente las ha interpretado. Han proporcionado orientación para aquella época y para el futuro, hasta que se diera otro mensaje similar. Así pues, la diferencia no está en la enseñanza. Y cuando encontramos diferencias, es porque queremos encontrarlas. Lo que queremos encontrar, lo encontraremos. Cuando queremos encontrar un defecto, podemos encontrarlo incluso en la mejor persona, y cuando queremos encontrar algo bueno, podemos encontrarlo incluso en la peor persona.

Y ahora pasemos a las personalidades. Si Salomón fuera rey y Buda un mendigo, si Moisés montara a caballo y Mahoma se sentara en un camello, eso no supondría gran diferencia. Porque cuando una persona juzga a una personalidad, lo hace según sus propias ideas. Como cada persona tiene sus propias ideas, habrá mil juicios diferentes sobre una misma persona. Y luego, cuando remontas el hilo de las leyendas y las historias sobre sus vidas, a veces encajan con tus ideas, otras veces no. A veces las oyes de boca de sus peores enemigos, otras de sus mejores amigos; a veces se presentan en forma de poesía tal que piensas que nunca ha existido un ser humano así, ni jamás podrá existir. Y otras veces, cuando lo oyes de un adversario, piensas que se trata de la peor persona que puedas imaginar..

Cuanto más ampliemos nuestra comprensión, más veremos el amplio mundo. Cuanto más nos dediquemos a estudiar la vida, más nos daremos cuenta de este hecho: que esas grandes personalidades no las podemos juzgar solo por lo que dice la historia. Si alguien que lo ve con buenos ojos dice: ‘Esta es la mejor personalidad del mundo; Dios nunca podría haber creado otra igual’, uno dice: ‘Este era el hijo de Dios’. El otro dice: ‘Este era Dios mismo’.

Pero estas diferencias dependen de cada persona, según cómo piense y cómo lo interprete. En realidad, cuando vemos lo que hay detrás, vemos una magia divina, una personalidad divina que ha conmovido directamente a tantos e indirectamente a aquellos a quienes no ha conmovido directamente.

Y aquellos que han llegado a comprender a fondo a su salvador, maestro o profeta particular, han llegado a olvidar esa distinción exterior del maestro, reconociendo lo que hay detrás de ella: la personalidad divina que es una y la misma, ya sea en el pasado, el presente o el futuro. No te sorprendas, pues, si un sufí reconoce esa personalidad y la denomina con el nombre que le hayan enseñado, tal vez sus padres o su familia, como el gran ideal de la religión, y le atribuye a esa misma personalidad todos los demás nombres reconocidos que otras personas reconocen de la misma manera. Le da a esa misma personalidad esos nombres; es natural.

Hubo un tiempo en el que la idealización del rey era tal que le otorgaban los títulos de todos los grandes héroes y reyes que habían existido a lo largo de la historia, reconociendo en ese rey en concreto la grandeza que otros pueblos atribuían a sus propios reyes. Pero entonces podrías decir que eso es convertir nuestro ideal en el ideal de los demás. ¿Qué más da? Todo ello os une a los demás, y los demás están unidos a vosotros. Si esto sigue así, con millones y millones de personas divididas tal y como están ahora — unas como seguidores de una religión, otras como seguidores de otras religiones — nunca habrá una verdadera unidad interior entre los seres humanos. Deberían unirse en su ideal. Pero, diréis, ¿no podemos unirnos en Dios? Sí, podemos unirnos en Dios.

Pero no nos unimos en Dios. Para nosotros, Dios es algo abstracto; queremos una personalidad con la que unirnos. Y esa personalidad, vista en su realidad, se encuentra tras el velo de los nombres y las formas que conocen las distintas confesiones. Si el mensaje sufí propone que el Saum y el Salat se practiquen en el mundo tanto por musulmanes como por cristianos, budistas e hindúes por igual, de modo que puedan estar en la congregación hombro con hombro en la adoración a Dios y no echen de menos el nombre de su maestro, algún día despertarán a la verdad. Llegarán automáticamente a la idea de que la personalidad que es verdaderamente divina tiene todos estos nombres y muchos más que quizá sean desconocidos..

Por eso, en una ocasión hubo una discusión con un mureed que dijo: ‘Hay quienes toleran bien la leche y otros que toleran bien el vino; y hay quienes saben recitar el Saum y el Salat, y otros que quizá tengan prejuicios contra uno u otro nombre. ¿Qué se puede hacer por ellos?’.

Os expongo este argumento porque tendráis que enfrentaros a esta dificultad siempre, al igual que yo tengo que hacerlo continuamente. En primer lugar, al percibir el prejuicio de esa persona, le impediráis avanzar por el sendero sufí. El único objetivo de este sendero es unidad. Pero si discutéis demasiado con una persona, solo conseguiráis enemistarla. Por lo tanto, en el caso de un individuo, dado que el ideal Sufí es libertad de pensamiento, debéis dejar que sea esa persona quien elija.

No obstante, mis colaboradores y mureeds recordarán que toda la estructura de la enseñanza Sufí se sustenta en Saum y Salat. Y si carece de ese fundamento que une todas las diferentes religiones, este edificio no se mantendrá en pie sobre ideales parciales y divididos. Necesita unos cimientos sólidos, pues no se trata de una teoría concreta, una especulación o una doctrina. Se trata de unir a las razas, las naciones y los pueblos que están divididos en sus creencias. Ni en principios morales, ni en fundamentos filosóficos, ni en la verdad, sino únicamente por las diferentes personalidades de sus líderes.


Si no vamos a poner nuestra esperanza en la Verdad

¿en qué la pondremos entonces?

Gayan - Boulas


(Maheboob Khan, el hermano de Hazrat Inayat Khan, ha compuesto música a una serie de aforismos de Hazrat Inayat Khan en mitades del siglo anterior, como ésta ‚How Shall I thank Thee‘. Mohammed Ali Khan, el primo de Hazrat Inayat Khan, ha cantado esta canción en un concierto en Zurich alrededor del año 1956 – aquí la podéis escuchar)

 


Gayan como E-book - clica aquí

Vadan como E-book - clica aquí

Nirtan como E-book - clica aquí

(esos E-book - están libres de costes - utilizáis bien sus tesoros!