Consejero Febrero

Partiendo de este Mundo - 2

desde: Hazrat Inayat Khan:

'Aqibat, Life After Death'

(véase también Tema)

Aquí podéis escuchar a todos los temas



El alma, por su poder, ha creado los elementos a partir de sí misma y los ha atraído del exterior. Los ha reunido y los mantiene, pero con el uso se desgastan gradualmente y sólo duran un cierto tiempo. El alma sostiene el cuerpo compuesto de todos estos elementos mientras tenga interés en el cuerpo, y mientras el magnetismo del cuerpo la sostenga y su actividad la mantenga ocupada.

Tan pronto como su interés por el cuerpo disminuye, o los elementos que forman el cuerpo han perdido su poder, por debilidad o alguna irregularidad en el sistema, el cuerpo afloja su sujeción, y el alma, cuya inclinación innata es liberarse, aprovecha esta oportunidad que le brinda la incapacidad corporal. El resultado de esto es la muerte.

Los elementos comienzan a dispersarse incluso antes de la muerte, pero tras la muerte del cuerpo regresan directamente a su afinidad, la tierra a la tierra, el agua al agua, y así sucesivamente, cada uno a su afinidad. Y se alegran mucho de volver. Cada cosa se alegra de estar con su semejante. Si hay gas cerca del fuego, la llama irá hacia el gas, porque hay mucho del elemento fuego en el gas.

Podríamos pensar que esto es todo, y que después de la muerte no quedará nada para la persona ordinaria que ha pensado en sí misma como este cuerpo, tan alto, tan ancho, tan pesado, de tantos años; que cuando el cuerpo físico desaparece todo se ha ido. Pero no es así; cuando el cuerpo desaparece queda la mente, la parte más fina del ser humano, compuesta de vibraciones. Los elementos existen tanto en las vibraciones como en los átomos, de lo contrario una persona enfadada no se pondría roja y caliente. En sueños, cuando el cuerpo está dormido, nos vemos caminando, hablando, actuando, en determinados entornos con determinadas personas. Sólo por contraste con la condición de vigilia lo llamamos sueño. Este yo sigue existiendo después de que el cuerpo se haya ido, la contrapartida exacta de lo que somos ahora, no de lo que éramos cuando teníamos cinco años, o diez, sino de lo que somos ahora.

A veces se dice que el alma es lo que queda tras la muerte del cuerpo físico, y que entonces está en el cielo o en el infierno; pero no es así. El alma es algo mucho más grande. ¿Cómo puede quemarse con fuego aquello que es en sí mismo luz, Nur, la luz de Dios? Pero debido a su engaño, toma sobre sí todas las condiciones por las que tiene que pasar la mente después de la muerte. Por lo tanto la experiencia. después de la muerte del alma que no ha alcanzado la liberación es muy deprimente. Si la mente no está muy apegada a la vida terrenal y ha recogido la satisfacción de sus actos, disfruta del cielo; si ocurre lo contrario, entonces experimenta el infierno.

La mente que está más involucrada en las preocupaciones y apegos terrenales no puede dejar que el alma esté en la luz.

Si usted lanza un globo al aire, éste subirá y luego volverá a bajar. Sube debido al aire que hay en él; baja debido a la sustancia terrestre que hay en él. La tendencia del alma es ir a las esferas más elevadas, a las que pertenece; ésa es su naturaleza. La sustancia terrestre que ha reunido a su alrededor la hace descender a la tierra.

La cometa se eleva, pero el hilo que lleva en la mano la devuelve a la tierra. Los apegos terrenales son la cuerda que arrastra el alma hacia abajo.

Vemos que el humo sube y en su camino deja en la chimenea su sustancia terrestre. Todo el resto de su sustancia terrestre lo deja en el aire, y hasta que no lo ha dejado todo atrás, no puede subir al éter.

Con este símil vemos cómo el alma no puede elevarse desde las regiones inferiores hasta que no ha dejado atrás todos los anhelos y apegos terrenales.

La gente tiene un gran miedo a la muerte, y especialmente las personas sencillas, tiernas y afectuosas, y las que están muy apegadas a su padre y a su madre y a sus hermanos y hermanas y amigos, a sus posiciones y posesiones. Pero los que son desafortunados en la vida también temen a la muerte. Una persona preferiría estar muy enferma que muerta. Preferiría estar en el hospital que en la tumba con los muertos. Cuando a un ser humano le viene el pensamiento: ‘Algún día tendré que dejar todo esto y bajar a la tumba’, le invade una gran tristeza. A algunas personas este miedo les dura parte de la vida; a otras les dura toda la vida. La prueba de lo grande que es el miedo a la muerte es que se ha hecho ver que la muerte es el peor castigo, aunque no es ni mucho menos tan malo como los dolores, las penas y las preocupaciones de la vida.

La muerte es el gran examen al que uno acude preparado, otro sin preparación; uno con confianza, otro con miedo. Por mucho que alguien pretenda ser espiritual o virtuoso en vida, a la vista de la muerte se le pone a prueba y toda pretensión se desvanece. En el Corán se dice: 'Entonces, cuando llegue la calamidad aplastante, ese día el ser humano recordará por qué se ha esforzado'.

Había un anciano que siempre estaba llorando y lamentándose, diciendo: '¡Soy tan infeliz, mi vida es tan dura, cada día fatiga y trabajo! Sería mejor si estuviera muerto'. Todos los días se lamentaba de este modo e invocaba a la muerte para que viniera y se lo llevara. Un día apareció Azrael, el ángel de la muerte, y le dijo: 'Me has llamado tantas veces, que ahora vengo a llevarte conmigo'. El anciano dijo: '¡Todavía no! Soy un anciano, ¡te ruego que me concedas sólo unos días más de vida!' El ángel de la muerte dijo: 'No. Tantas veces has pedido morir y ahora debes venir a Allah'. El anciano dijo: 'Espera un poco. Déjame quedarme aquí un poco más’. Pero el ángel de la muerte dijo: 'Ni un momento más', y se lo llevó.


Te miro a Ti, oh Señor, cuando el lazo de la muerte parece inevitable y cercano.

Te miro a Ti, oh Señor, cuando con el corazón apesadumbrado veo partir a mis seres queridos.

 Te miro a Ti, oh Señor, cuando veo cambios y límites en el amor mundano.

Te miro a Ti, oh Señor, cuando todo lo que llamo mío me es arrebatado de la mano.

 

Vadan - Ragas


(Maheboob Khan, el hermano de Hazrat Inayat Khan, ha compuesto música a una serie de aforismos de Hazrat Inayat Khan en mitades del siglo anterior, como ésta ‚How Shall I thank Thee‘. Mohammed Ali Khan, el primo de Hazrat Inayat Khan, ha cantado esta canción en un concierto en Zurich alrededor del año 1956 – aquí la podéis escuchar)

 


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