Paz

Petama Tema Septiembre

'El Deseo de Saber- 3'

desde Hazrat Inayat Khan:

'The Purpose of Life'

(véase también Foro)

Aquí podéis escuchar a todos los temas



Al estudiar esto, descubriremos que hay cinco aspectos diferentes que constituyen nuestro cuerpo físico. Los seres humanos de la Vida Interior, por comodidad, los denominan tierra, agua, fuego, aire y éter. Pero no hay que compararlos con los términos científicos; es solo por comodidad de la Vida Interior.

A continuación, veremos los distintos sentidos, los órganos sensoriales: cada sentido representa uno de estos elementos. Y en lo que respecta a las tendencias y necesidades naturales de la vida, cada acción que realizamos guarda relación con uno de estos cinco elementos. Este estudio del mecanismo hará que una persona comprenda que aquello a lo que siempre se ha llamado a sí misma no es más que un mecanismo, un mecanismo compuesto por cinco elementos, elementos que se toman prestados del mundo exterior. Y descubriremos que nuestra mente, que experimenta a través de todos los órganos de los sentidos, permanece al margen, como un espectador que concibe y percibe el mundo exterior a través de este mecanismo que llamamos nuestro cuerpo.

Este conocimiento hará que una persona de deseo profundo tome conciencia de que no es su cuerpo; aunque, consciente o inconscientemente, quizá haya una de cada millón de personas que se dé cuenta claramente de que ‘mi cuerpo es mi instrumento; yo no soy mi cuerpo’. Quien ha llegado a comprender que ‘mi cuerpo es mi instrumento’ es quien controla esta prisión; es el ingeniero de esta maquinaria.

Y luego llega la siguiente etapa del conocimiento de nosotros mismos, que consiste en explorar lo que llamamos mente. Mediante un estudio minucioso de la mente, descubriremos que las diferentes cualidades — como razón, memoria, pensamiento, sentimiento y el ego — constituyen, en su conjunto, nuestra mente. Descubriremos que tiene una superficie y una profundidad. Su profundidad es el corazón; su superficie es la mente. Cada cualidad de la mente representa uno de estos cinco elementos. Esto nos lleva de nuevo a la idea de que hasta la mente, que está por encima del cuerpo físico, es algo que podemos llamar un mecanismo. Y cuanto más familiarizados estemos con ese mecanismo, más capaces seremos de manejarlo de la mejor manera posible; y es la ignorancia del secreto de este mecanismo lo que impide al ser humano ser consciente de su propio dominio.

Este saber nos lleva a pensar: ‘No soy ni mi cuerpo ni mi mente; soy el ingeniero que dispone de estos dos bienes, estas dos máquinas, con las es necesario trabajar para sacar el máximo partido a la vida’. Entonces empezamos a preguntarnos: ‘¿Qué soy, entonces?’ Porque, hasta cierto punto, incluso la mente es un mecanismo tomado prestado de la esfera exterior, al igual que el cuerpo es un mecanismo tomado prestado del plano físico, que ha sido reunido y construido. Por lo tanto, ni la mente ni el cuerpo son ‘yo’. Pensamos: ‘Soy yo mismo’, solo porque no podemos vernos a nosotros mismos. Y así decimos de todo lo que vemos: ‘Esto soy yo’. El yo se familiariza con todo menos consigo mismo. De modo que esa mente que el yo ha utilizado se ha convertido en una especie de celemín sobre la luz que cumple el propósito de la vida.

Cuando esto comprendemos intelectualmente, aunque no cumpla el propósito, marca el inicio de nuestro sendero en la búsqueda de la verdad. Esto debemos alcanzar mediante el proceso de la meditación, el proceso por el cual el yo puede separarse del cuerpo y, posteriormente, de la mente.

Porque el yo, engañado durante toda la vida, no está preparado para saber, no está listo para entender la verdad. Rechaza la verdad; lucha contra ella.

Es como la historia que cuento en mi ‘Divan’:

Un día, un león vio a un cachorro de león vagando por el desierto junto a las ovejas. El león se quedó muy sorprendido. En lugar de perseguir a las ovejas, corrió tras aquel cachorro. Y el pequeño león temblaba y estaba muy asustado. El padre león le dijo: ‘Ven conmigo, hijo mío; tú eres un león’.

‘No’ dijo el cachorro. ‘Tiemblo, tiemblo, te tengo miedo. Eres diferente de mis compañeros de juego. Quiero correr con ellos, jugar con ellos; quiero estar con ellos’. ‘Ven, hijo mío, ven conmigo’, dijo el león, ‘eres un leoncito’. ‘No’ dijo el cachorro, ‘no, yo no soy un león. Tú eres un león; te tengo miedo’.

El león dijo: ‘No te dejaré marchar; tienes que venir conmigo’. El león lo llevó a la orilla del lago y le dijo: ‘Ahora mira dentro y comprueba con tus propios ojos si eres un león o una oveja’.

Esto explica qué significa la iniciación y qué enseña el iniciador a su discípulo a través de la meditación. Una vez que la imagen se refleja en el lago del corazón, el autoconocimiento surge por sí solo.


¿Cómo te daré las gracias, oh Rey mío, por tus generosos dones?

Cada don que me concedes, oh Señor generoso, no tiene precio.

Una lengua de fuego surgió de

la chispa de mi corazón gracias a tu suave soplo.

Tú escuchas mi susurro más suave;

me has enseñado tu propia lengua

y a leer los caracteres escritos por tu pluma.

 

Gayan -Ragas


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